Los retos de mi generación…

Hace tiempo escribí este post en mi antiguo blog “Colgado de la pared”. Hoy lo transcribo y se lo dedico a mi amiga Carmen Pascente, a modo de reflexión… Carmen, TQM y cualquier cambio, siempre será para mejor!

“Aunque hace tiempo no escribo, confieso que todas las noches encuentro algo de lo que me gustaría escribir. No lo hago pues atenta contra este blog el segundero implacable del reloj y a veces también la flojera y el cansancio, pero sí es cierto que pienso mucho en aquellas cosas que voy recogiendo día a día y que me gustaría compartir.
Hoy no aguanté el cansancio, pero del espiritú: ese que a veces llamamos rutina. Ese que a veces nos hace preguntarnos qué estamos haciendo con nuestras vidas y qué quisieramos. Y leyendo la última edición de Debates IESA encontré este artículo, que me reconforta un poco pero también me plantea más dudas e incógnitas sobre el futuro.
Tengo muchos amigos y conocidos afuera. Los admiro y los respeto por haber tomado una decisión tan valiente. Y a los que tengo aqui y con quienes comparto, por ellos guardo mucho afecto pues estamos compartiendo presencia, esperanzas y dudas. Y cuando uno ve hacia atrás, siempre en la memoria estarán los días más felices: los de la universidad.


LA DISYUNTIVA DE LOS NUEVOS GERENTES
RAÚL MAESTRES MAGO
El 29 de junio egresó la trigésima octava promoción del Master del IESA, compuesta por setenta profesionales que se incorporan a la vida del país con título académico de cuarto nivel. El IESA se fundó en 1965, y durante estos 42 años han egresado 3.334 estudiantes que ininterrumpidamente han engrosado las filas gerenciales de los mejores organismos públicos y privados. Sin embargo, a ninguna de las promociones anteriores les había tocado enfrentar una coyuntura tan difícil como a quienes egresan en 2007.
Frente a la difícil situación, muchos están en la disyuntiva de emigrar o de quedarse en el país. Sí se comparan los costos con los beneficios, quedarse significa afrontar la inseguridad personal y política, el totalitarismo económico, la educación tutelada, la escasez y la exclusión ideológica. Lo que quizás no se advierte adecuadamente son los beneficios: disfrutar del sentido de pertenencia a un país, mantener a la familia unida, tener un pasado común con los amigos. Como lo expresó el escrito colombiano Álvaro Mutis cuando le concedieron el Premio Nóbel a su gran amigo Gabriel García Márquez: ninguna sorpresa del presente podía opacar ni alejar la milagrosa presencia del tiempo compartido».
Si se realiza el mismo ejercicio para la alternativa de emigrar, los beneficios son los que hacen ver hermoso el jardín vecino: seguridad, libertades políticas y económicas, tolerancia frente al disenso, sensación de no sentirse perseguido por la manera de pensar, valores democráticos, educación sin sesgo ideológico, orden social. Pero hay costos, que pasan a veces inadvertidos: discriminación por ser extranjero en un mundo al que no se pertenece, sentimiento de no ser de ese lugar, de no tener vivencias compartidas ni pasado común con el resto de las personas, adaptación forzada a peores estándares de vida que los que se disfrutaban en Venezuela, desarraigo.
¿Hacia dónde inclinar la balanza? La respuesta es una decisión personal, pues cada quien es el único custodio de su vida. El análisis debe ser profundo y tomar en cuenta muchas variables; de todas maneras, la decisión seguramente será difícil. A propósito de este complicado dilema, quizá sirva de inspiración este párrafo de Ortega y Gasset:
(…) la vida humana es aquello que cada cual es capaz de realizar desde una perspectiva estrictamente personal pues es una realidad que nos pertenece casi enteramente; los obstáculos que tenemos que enfrentar y resolver son -en parte- ingredientes de ese proyecto de vida y en el modo de resolverlos se juega la posibilidad de ser lo que se es. La ausencia de presiones, y de problemas, apagaría nuestra vida (…) ni un individuo ni un pueblo pueden vivir sin problemas (…) cuando no se ha reflexionado bastante, se cree que la vida ideal fuera una existencia ausente de angustias y problemas, un puro flotar en un ámbito etéreo, poblado sólo de caricias.
Si la decisión es permanecer, se tiene la honrosa oportunidad de luchar por una sociedad en la cual el talento, la perseverancia y la dedicación al trabajo sean más importantes que la afiliación política. La oportunidad de luchar para que no sigamos discriminándonos porque uno pertenece al sector público y el otro al privado, porque uno es de izquierda y el otro de derecha, porque uno es oficialista y el otro de oposición. La inmensa mayoría de unos y otros siente aversión por el totalitarismo confiscador de conciencias y de libertades ganadas en duras luchas. Por eso se deben crear trincheras comunes para hacer la verdadera revolución del siglo XXI: la revolución de la educación, del talento, de la inclusión democrática, de las libertades cívicas, del pluralismo; la de un excelente sistema educativo, con oportunidades para todos.
No es tarde para recrear en Venezuela la época, todavía reciente, en la que la mejor educación era la pública, y en la que era mas difícil ser admitido en el Liceo Andrés Bello que en el mejor colegio privado, y cuando la Universidad Central de Venezuela era la universidad señera de América Latina. Estamos todavía a tiempo para recrear la ciudad amable plena de virtudes cívicas en la que los mayores eran respetados y los niños protegidos y cuidados. Este podría ser el eje de una cultura pública fundada en la ley y la justicia que distribuye derechos y deberes para todos, en un marco democrático. Comencemos a esparcir una epidemia, convirtámonos en comunicadores para contagiar a todos con estas ideas. Como dice Malcom Gladwell en The tipping point: una epidemia social se disemina mediante pequeñas transformaciones que sean aceptadas y creídas por toda la población. Trabajemos por esas pequeñas transformaciones dentro de nuestro campo de acción y desatemos la epidemia de una Venezuela democrática e incluyente en la que todos podamos vivir en paz y trabajar con seguridad y libertad.
Los profesionales venezolanos de todas las edades enfrentan hoy la disyuntiva de quedarse en el país a luchar o emprender una vida nueva en otro lugar, con las tribulaciones que eso implica. No hay respuesta fácil; de hecho, es posiblemente la decisión gerencial más compleja a la que se en frentarán los jóvenes gerentes de hoy. De su respuesta dependerá en buena medida su futuro.”

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