Historias en taxis…

He leído en alguna parte que una de las formas más rápidas para conocer el sentir de un país es tomar un taxi. El taxista puede darte una panorámica rápida de lo que pasa, decirte a donde ir si estás perdido y a veces, actuar como psicólogo (gente que se desahoga en momentos de tribulación con un taxista). Sin saberlo, puede llegar a darte consejos con esa sutileza de quien le habla a un desconocido. Y yo confieso que a veces me siento más dispuesto a escuchar a alguien que no me conoce que a alguien que te conoce, por que uno siente que esa opinión está ajena a tu contexto y puede resultar más imparcial…

Taxistas hay de todo tipo: los que te hablan hasta por los codos cuando uno no quiere hablar; los que tienen el taxi especialmente acondicionado para sus pasajeros y hasta le dan el periódico para que vaya leyendo en la vía, los que no te dicen ni media palabra o hablan para dentro y no los entiendes, los viejitos que se retiraron, padres de familia (a veces también madres), profesionales que abandonaron sus carreras y necesitan independencia financiera, locos y estúpidos, ciudadanos comunes, etc… En Venezuela no son tan multiculturales: los más variados que uno se puede encontrar son algunos españoles o suramericanos de edad avanzada! En otros países, puedes llegar a encontrar gente que ni te imaginarías conocer! De hecho, sueño con ir a Nueva York y contabilizar cuánto taxistas y de cuántas nacionalidades puedo encontrar!

En Chile he conocido dos taxistas que me han dejado impactados! He aquí los relatos:

Primer relato: Salía tarde como de costumbre y tenía una reunión en el centro de Santiago. La única forma de llegar era tomar un taxi. El taxista, sin saberlo, me hizo descubrir algo maravilloso y eso marcó mi día.

Subo al taxi con la mente pensando en la reunión y de inmediato, este hombre de 70 años (quien sabe si un poco menos), me pasa el diario. A los pocos minutos me doy cuenta que está escuchando música clásica. Le digo “¿Le gusta la música académica?” (siempre la he llamado música académica por un amigo que una vez me increpó que porqué la llamaba clásica y quién definía lo que era “clásico” de lo que no era “clásico” ). El señor me contestó: “Ud. la llama académica? Curioso! jaja! Sí, yo sólo escucho música clásica y eso me ha traído experiencias muy lindas”. A partir de allí comenzó a contarme algunas anécdotas de pasajeros con los que se había relacionado a partir de la música clásica. Yo hacia mis adentros pensaba “Definitivamente la música es un lenguaje universal“. De repente se hizo un silencio y comenzó a sonar una suave música que me emocionó! El taxista alcanzó a verme y me dijo: “¿Ud. sabe que es eso? Eso es un Adagio! Ud. escucha un Adagio y Ud. puede ver al interior de su vida! Ve transcurrir todo: cuando era un niño, su juventud, sus momentos buenos o malos y hasta el día de ayer!“… Poco a poco me sumergí en esa música y fue inevitable sentir una conexión, como si ella y yo estuviéramos en el mismo compás!

El señor me dijo “A mi me gusta apreciar las cosas bonitas de la vida. Por eso escucho música académica. La vida tiene muchas cosas lindas y yo sólo busco la perfección.” Allí me despedí y me bajé del carro. Desde ese instante, la frase ha estado dando vueltas en mi cabeza.

Esa es la frase clave del relato: BUSCAR LA PERFECCIÓN!

Segundo relato: Salgo al mediodía a firmar el alquiler de mi departamento (ooootra historia). Después de la firma, quedo con mis compañeros en comer en el bolichito de siempre, un local en Providencia llamado café Magdalena (si vas a la una por allí, seguro me puedes encontrar). De regreso, nos vamos caminando y pasamos por una tienda donde un compañero quería comprar una antena para el televisor (?) y yo, los audífonos del iPod que se habían dañado! Cancelo, salgo de la tienda y caminamos hasta la oficina, a unas 6 cuadras de distancia. Cuando voy llegando a la oficina, me doy cuenta que dejé mi contrato de arrendamiento firmado en la tienda!!! Ese día andaba volando de la felicidad y eso, combinado con mi despiste, es peligrosímo (Modo Mr. Bean). Ni modo, no me queda de otra que tomar un taxi en la esquina: un loco con rock a todo volumen es mi opción más cercana. Me subo al taxi y noto que tiene kipá, el gorrito judío! “Qué combinación más curiosa” pienso hacia mis adentros escuchando el metal y viendo el kipá! El taxista de inmediato nota mi acento y comienza a hablar.

El hielo se rompió cuando me dice: “reconozco su acento pues viví 15 años en Israel con gente de todas las nacionalidades” y a partir de allí, me cuenta sobre lo maravilloso que es Israel. Me cuenta sobre la confluencia de las 3 religiones más importantes del mundo: la judía, la musulmana y la cristiana, cuya casa es Israel. Me comenta sobre su experiencia en el ejercito Israelí, sobre el aprendizaje de un arte marcial desarrollado por el ejército de Israel. Me habla sobre la energía que se siente en Jerusalem y en especial en el Muro de los lamentos! Me explicó que ese nombre era un error y que le había sido conferido en occidente: en realidad, los judíos se reúnen alrededor del templo a orar (no a lamentarse), siendo que el punto cúspide de esa meditación se alcanza con el vaivén del cuerpo que los hace parecer que se están dando golpes en la cabeza. Me habló del porqué los judíos llevan una piedra cuando van a visitar a sus muertos y de la razón de algunas tradiciones judías más. Y por supuesto, de lo que significa ser judío: según el, una re-ingeniería de espiritú, mente y cuerpo. Al final, tomé su teléfono y quedamos en volver a hablar cuando lo necesitara. Creo que lo contactaré para mi mudanza!

De Tomás, el taxista israelí, me quedé pensando en el verdadero significado de la religión. Desde hace tiempo me siento bastante alejado de la religión católica, sin llegar a sentirme desvinculado de Dios pues ciertamente siento que siempre ha estado en mi vida! Pero siento que la religión sólo infunde temor de Dios (creo que no ha avanzado desde la edad media), en lugar de ayudar al hombre a ser mejor. Eso sería tema de otro post, pues es muy engorroso de explicar y yo todavía no lo tengo muy claro. Lo único que tengo por cierto es que me siento desvinculado. También me quedé pensando en lo mucho que me gusta compartir con gente interesante y pronto comentaré eso por aquí!!!

Tengo otras historias de taxis, pero tampoco quiero que esta entrada sea infinita. Cuando tenga nuevos y buenos relatos, los contaré!

Un pensamiento en “Historias en taxis…

  1. Adriana Alzate Rodas

    acuso de recibo, me gusta como escribes… si se, porque lei una entrada en donde argumentas que prefieres dejar este blog como algo mas político menos personal, yo a diferencia prefiero los blog mas personales y menos políticos ;)….

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