Caracas: Ciudad de despedidas

Tenía ganas de escribir desde hace tiempo, pero estos días se han pasado volando: eso si, MUY bien acompañado!!! Así que entre trabajo, reuniones con amigos y un sin fin de etc, había dejado un poco abandonado el blog…

Quiero referirme en esta oportunidad al video “Caracas, ciudad de despedidas”. La razón es que para aquellos que hemos emigrado, el video tiene una connotación distinta de quienes viven aún en Venezuela.

He leído comentarios muy acertados y algunos bastante desafortunados, criticando las opiniones de los chicos que participaron en el video. Uno de esos comentarios hablaba sobre algo que a mi me parece fundamental: la tolerancia. Quienes criticaron el video, olvidan que más allá de la forma de hablar de los chicos, refleja los tiempos que nos tocó vivir a muchos jóvenes que hemos decidido salir del país. Y una de las cosas que más me preocupa es la ferocidad de las críticas, pues por encima de la calidad, la edición, la forma de hablar de los participantes, sus opiniones, su forma de vestir y sus frases que pasaron a convertirse en hashtags, esos chicos son tan venezolanos y caraqueños como el que vive en Petare, el Country Club, el Hatillo o Montalban y su opinión es compartida por muchísimos jóvenes que se sienten frustrados bien por las pocas oportunidades que hay  hoy en Venezuela, o bien por el miedo a salir y ser víctimas fatales de la inseguridad.

Yo, que tengo poco tiempo de haberme ido de Venezuela, siento la misma relación de amor-odio por Caracas y mi país: detesto las colas, me aterra la inseguridad, veo con rabia cuando lanzan basura desde un auto a la calle, me molestan profundamente los motorizados y siento que NADIE hace nada por aliviar los males que nos aquejan y que todo se pierde en la diatriba política: sin embargo, extraño mi casa, el Ávila, la cota mil, el color del cielo, el pan de las panderías, la calidez de la gente, mi familia y mis amigos, el verde de los árboles, el clima espectacular, los dulces, el humor del venezolano, los modismos, la forma de hablar y un largo etc. Pero muchas de esas cosas que extraño, ya ni siquiera las encuentro en Venezuela y así, siento que viviré en una nostalgia permanente y peor aún: creo que en las mismas cirunstancias, viviendo allá, estaría ahora sintiéndo la misma nostalgia.

Confieso que siento desolación: el emigrante es un extranjero en su país y es un extranjero en la tierra a la que va. Es la misma sensación que siento cuando voy a visitar mi universidad. Por momentos, te vienen flashes a la cabeza y recuerdas un tiempo en el que conocías a todo el mundo. El día que vuelves, reconoces todos los lugares pero ya no conoces a nadie y sientes que ese espacio, que una vez fue tuyo, ya no te pertenece y ahora es de otros. Y allí es cuando la sensación de soledad y nostalgia se apodera de ti y no puedes evitar querer regresar el tiempo atrás. #Yoconfieso que odio la soledad!!!!!

Volviendo al tema de las críticas feroces que recibió el video, recuerdo que cuando les dije a dos de mis amigos que había tomado la decisión de irme de Venezuela, se molestaron profundamente conmigo: parecía que mis incursiones en la política y mi fervor por desear profundamente un cambio, me habian inhabilitado a la hora de decidir que hacer con mi vida para procurar mi propia felicidad. Creo que ellos se sintieron, hasta cierto punto, traicionados: lamentablemente, como decía Ortega y Gasset, “el hombre es el hombre y sus circunstancias”, lo que quiere decir que sólo YO podría tomar una decisión tan difícil como lo es emigrar, conociendo como conozco mi propia realidad.

Ante tanta intolerancia y crítica feroz que he percibido del video y en persona, me pregunto ¿no se estará gestando en Venezuela una fobia social por quienes han emigrado? Pareciera que si, pero no estoy seguro que esté descrito por los sociologos. Creo que sería interesante emprender un estudio para determinar hasta que grado, quienes están aún en Venezuela, creen que nuestros problemas se solucionarían si los que emigramos nos hubiésemos quedado en el país y qué tan aspiracional se ha convertido el hecho de emigrar para los jóvenes entre 18 y 35 años. Con estos datos, deberemos afrontar nuestra nueva realidad como emigrantes y abrirnos para ser más tolerantes con nuestros compatriotas quienes, como yo, nos hemos ido y así fomentar la solidaridad que tanto nos hace falta en estos tiempos tan duros.

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