Elecciones 2012

El día que tomé la decisión de irme a Chile, me comprometí conmigo mismo a venir a Venezuela a votar en las elecciones del 2012. Ni por un momento, pensé en abandonar ese objetivo, sin importar lo que me costara, pues esta fecha marcaría mi vida de cualquier forma y la vida del país.

Me vine el 29 de septiembre de 2012 con la esperanza de un cambio: esperanza que creció con el seguimiento minuto a minuto de las noticias en Venezuela a lo largo de los últimos meses. Las buenas nuevas han dado cuenta de una extraordinaria campaña electoral de Henrique Capriles Radonsky, que ha sido ejecutada cuidadosamente con precisión quirúrgica: ha tenido un efecto revitalizador en la oposición, ha convencido a quienes siempre se han sentido desatendidos por todos los gobiernos e inclusive ha logrado convencer a mucha gente que nunca antes creyó en la oposición, de que el país no sólo no ha avanzado en aquellos males de los que nos quejábamos a finales de los noventa, en materias como salud, seguridad o educación, sino que ha retrocedido a estadios muy anteriores a cuando se eligió Hugo Chávez.

Escribo este post pocas horas antes de que suceda la elección: el ambiente general en las calles es de nerviosismo y estress, expectativa por la posibilidad de un cambio y emoción, miedo a lo que pueda pasar el día D: todo el mundo habla de cómo Henrique Capriles se ha crecido y se ha curtido en el ejercicio de su campaña, de cómo David ha arrinconado a Goliat. Ninguno de los insultos ni los montajes preparados para desmoralizar a la oposición, han surtido el efecto deseado: como la comiquita del coyote y el correcaminos, parece que todo termina por revertirse en contra del gobierno. Los medios hablan de Henrique Capriles Radonsky como hablaban de Chávez en 1998: todo un fenómeno electoral. HCR ha llevado un discurso sereno pero firme, con argumentos imbatibles que no permiten ningún tipo de especulación, lo cual proyecta seguridad y confianza. Apartando de lado cualquier especulación sobre la enfermedad de Chávez, ha centrado el debate en los grandes problemas de los venezolanos: inseguridad, inflación, empleo, vivienda y salud. A Chávez no le ha quedado más remedio que admitir públicamente en los cierres de su campaña (en los pocos estados donde lo está haciendo), las fallas de su gobierno y sus múltiples errores, llevándolo a la penosa posición de pedir una oportunidad más al pueblo de Venezuela, como el marido que le pega a su mujer y que sabe que está a punto de dejarlo. Como decía un amigo liberal: “Capriles ha hecho una mejor campaña de lo que pensaba y Chávez ha hecho una mucho peor de lo que esperaba”.

Confieso que no apoyé a HCR en las primarias. Mi candidata fue María Corina Machado, quien se acerca ideológicamente a mis preferencias personales. Pero a lo largo de la campaña, HCR ha demostrado que efectivamente fue el candidato ideal y que su compromiso y su actitud son genuinos. Saber que el resultado de esas primarias fue el mejor candidato para estas circunstancias tan oscuras que vivimos los venezolanos, me hace sentir esperanzado.

A los venezolanos nos tocan duros y díficiles momentos en el futuro: creer que todo cambia al terminar la era “Chávez” es un absurdo. Esta elección significa apenas recuperar algo de la institucionalidad perdida: ni remotamente tengo la esperanza de que bajo un gobierno socialdemócrata (ni el de HCR ni los próximos que vengan) podremos avanzar en el tema de la defensa de la libertad. Seguramente seré opositor a muchas de las políticas que se implementen en el futuro cercano y que prevalezcan el accionar del Estado por sobre el ejercicio privado, así como aquellas que pretendan decretar la igualdad mediante leyes que se convierten en letra muerta, porque es imposible decretar la igualdad: sólo es posible “ser igual ante la ley”. Pero el 7 de Octubre, los liberales nos jugamos la posibilidad de alguna vez lograr un cambio verdadero, en una sociedad cuyo discurso se desplazó hacia la izquierda nacionalista más anacrónica que pueda existir en el espectro ideológico (posición en la que se encuentran también casi todos los líderes de la oposición: progresistas, socialdemócratas, demócratas sociales, etc, etc) y que hasta ahora no tiene ni la más remota idea de cuánto podría avanzar por la senda de la libertad. Los liberales estamos llamados a trabajar en este ambiente tan adverso pero en convivencia con la socialdemocracia, propagando ideas liberales y moviendo el centro de masas en reversa y poniendo como eje una máxima con la que explico porqué el liberalismo es tan importante: no es que el liberalismo sea la solución a todos los males de la sociedad, pero si es la solución a todos los males asociados a la falta de libertad. Aunque nos cueste creerlo, en Venezuela, la mayoría de los problemas se relacionan de una forma u otra con la falta de libertad. Superados estos problemas, vendrán los de segundo orden que hoy viven sociedades como la chilena, pero en los que se entiende que la solución va por la vía de los incentivos y no por la vía de la intervención estatal.

El 8 de octubre vendrá un nuevo amanecer para Venezuela. Me siento feliz de haber venido a votar y de vivir este proceso de cerca. Quiero algún día contarle a mis hijos, como su padre estuvo siempre presente en casi todos los momentos críticos que alguna vez vivió Venezuela.

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