Cuentos cortos

Me gustan los cuentos cortos: esas historias que son como cápsulas rápidas de creatividad y que en 5 minutos pueden despegarnos de la realidad. Son adictivos: lees uno, después otro (esperando que sea tan bueno como el anterior) y después otro. Algunos los lees dos veces. En un mundo donde todo es tan vertiginoso, los cuentos ya no son lo mismo de antes. En este post, transcribo algunos que he recogido por ahí.

SALIDA (por Mario Cáceres)

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El minotauro, en el apogeo de su vejez, casi sin aliento y al límite de sus fuerzas, descubrió en idioma inglés el cartel que indicaba la salida.

SOLDADO DE TERRACOTA (por Luis Alberto Tamayo)

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Li Piang Hua, soldado de Terracota del emperador Qin Shi Huang, escapó de los subterráneos de La Moneda. Caminó hacia el norte, pasó la noche tomando chelas con unos emigrantes peruanos. Conoció a una chica de Rengo que vino a Santiago persiguiendo una hora plan AUGE para un oftalmólogo. Ahora viven en La Pintana y tienen un puesto de comida china. Es noche. En un pequeño patio junto a un triciclo y dos balones de gas, Li ejecuta una silenciosa danza; blande su ballesta apuntando a la luna. En sus oídos, canto de bambú acariciado por viento.

Anatomía del amor (por Nelson Cordido)

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Nos veríamos en el parque. Llegué unos minutos antes y al divisarla, fui a su encuentro con paso acelerado. Estaba tan linda como siempre. Nos besamos y comenzamos el paseo tomados del brazo, conversando sin parar. ¡Cómo disfrutaba de estos encuentros! Ella estaba en la primavera de la vida y yo en el otoño, era como un fruto maduro al que le falta poco para caer del árbol. Su compañía me hacía sentir rejuvenecido. Inevitablemente hablamos de él. Le dije que pensaba que la manipulaba y hacía lo que quería con ella convirtiéndola literalmente en su esclava. Le aconsejé que no permitiera que ese tirano la dominara y si me lo permitía, encantado me encargaba del pequeño monstruo. Fuimos hasta la escuela y esperamos la hora de salida. Él corrió a los brazos de su madre y enseguida, vino hacia mí gritando: ¡Abuelo!

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