¿Porqué me preocupa Chile?

Recuerdo bien el país en donde nací: no el que ahora sale en los títulares de prensa por su precariedad, por los altos índices de inseguridad o por las extravagancias de una dirigencia política que con un barniz electoral difraza de democracia una dictadura autocrática. No nací en un país donde existiera lucha de clases, aunque si con altos niveles de pobreza, pero nunca fue un país donde existieran segregaciones políticas o sociales, por mucho que la diligente propaganda oficialista se empeñe en hacerlo creer. Nací en un país potencialmente rico, pero muy mal administrado, dirigido por una clase política de centro izquierda que nunca valoró la iniciativa privada y que en todo momento privilegió el accionar y el criterio del Estado como proveedor de las necesidades de la sociedad.

Recuerdo que a finales de la década de los 80 y principios de la década de los 90, en Venezuela se empezó a gestar una insatisfacción colectiva por los altos niveles de pobreza, cuya manifestación más patente fue una novela llamada “Por estas calles…” Muchos venezolanos en aquel momento empezaron a rogar por una mano dura, en recuerdo de otra dictadura, la de Marcos Pérez Jimenez, que se destacó no sólo por las persecuciones políticas en su lado más tenebroso, sino por las inversiones en infraestructura y un cierto orden social por el que los ciudadanos sentían cierta agridulce nostalgia.

Lo que sigue en mi versión de la historia sobre mi país son intentonas de golpes de estado, agotamiento del modelo político y una incapacidad de la propia sociedad por buscar soluciones factibles y serias a los problemas que en aquel entonces vivíamos. Un terrible gobierno socialdemócrata, dirigido por quien fuera el padre fundador de la democracia venezolana Rafael Caldera, terminó por acabar con el sistema que él mismo había erigido y dió paso a que Hugo Chávez Frias, dos veces golpista frustrado, se coronara como presidente de la nación occidental con mayores reservas de petróleo del mundo y de allí en adelante amo y señor de los destinos de los venezolanos.

Cuando Hugo Chávez ganó las elecciones en el 99, muchas voces alertaron sobre lo que vendría para Venezuela. Voces serias, voces respetables, voces que la sociedad no escuchó. Prefirieron seguir encantadas por el encantador de serpientes que una y otra vez les repitió que el “no era socialista..:” Lo que ha venido después ya es conocido por todos: empezó con un cambio constitucional, el cambio del escudo de armas nacional, el control de PDVSA y un larguísimo etc que sería muy largo de nombrar. Pero lo que me llama la atención son esas voces de las que pocos se acuerdan hoy en día, de la sordera ciudadana y de la poca capacidad de reacción de la clase política que por entonces se le oponía…

Chile está pasando por algo parecido hoy. Existen muchísimas voces que están dando señales de alerta preocupantes. Peor aún es que hay un notable empeño del Gobierno de Michelle Bachellet por destruir un sistema cuyos frutos hacen que hoy Chile sea el país más avanzado del continente. Y las promesas del gobierno de la Nueva Mayoría, no es hacer avanzar a Chile, sino acabar con la desigualdad. Pero acabar con la desigualdad.. ¿a costa de qué? ¿porque darle tanta importancia a la desigualdad, en lugar de enfocarse en subir el piso mínimo sobre el que se paran quiene menos tienen? Al final, lo más preocupante, es el empeño en volver a instituciones cuyo fracaso en el continente ha sido demostrado (como el de una previsión social de caracter colectivo, la maldita reforma tributaria que acabara con parte del capital ahorrado por las empresas o la educación gratuita).  Y yo, como emigrante y como venezolano, no dejo de preocuparme. Mil y una vez me pregunto si es que volveré a vivir lo mismo que ya viví en mi país. Y extrañamente, cuando le pregunto a chilenos inteligentes, me sorprende su ingenuidad, pues creen que el aparato institucional podrá frenar cualquier intención de que un grupo socialista quiera hacerse del poder.

Amancerá y veremos… Por lo pronto, CHILE. TE QUIERO!!!!!

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