A mi amigo Daniel….

Esta semana ha sido difícil: se fue un gran amigo!!!!
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Conocí a Daniel en la universidad, en los pasillos de LABC, nuestra casa durante más de 5 años. Allí, en apretados trimestres de 12 semanas, nos hicimos amigos, aún cuando éramos de cohortes distintas.
El tiempo pasó y nos volvimos a encontrar en el campo laboral: él como proveedor y yo como cliente. Nos desvelamos largas noches tratando de echar a andar el corazón de la red de datos y reconozco que lo estresé bastante, aunque siempre su buen humor logró aliviar las diferencias en aquel momento. Terminó el proyecto y nos hicimos más amigos en los cumpleaños de otro pana en común.
Cuando llegué a Chile, me encontré con Daniel por casualidad en una fiesta caribeña. El tendría 20 días de haber llegado y yo un par de meses. Desde entonces nos hicimos más cercanos. Le presenté a mis pocos amigos aquí y su carácter jovial ganó el corazón de todos. Como mi círculo de amigos era liberal, Daniel empezó a asimilar esas ideas y frecuentar la Fundación para el Progreso o la Fundación Jaime Guzmán y comprar libros con ideas liberales.
Compartimos muchísimo! Poco a poco nuestras vidas se hicieron paralelas. Teníamos metas y objetivos parecidos: vivíamos etapas parecidas. Daniel fue el primero en comprar auto, así que cuando mi madre venía a visitarme por Navidad, salíamos con Daniel los fines de semana fuera de Santiago. Le encantaba el campo, le gustaba meterse por rutas que no conocía e ir al Lago Rapel, adoraba ir a Viña y Con-Con y comparaba la ruta que une la costa de la V Región con las rutas al borde de las costas en California.
Cuando Daniel llegó, hablaba con vehemencia sobre Chile y lo mucho que le gustaba haber emigrado para acá. Se suscribió al diario El Mercurio y se preocupaba por aprender y leer más sobre Chile, haciendo suya la historia y el día a día del país. Pero al mismo tiempo, nunca se despegó de Venezuela, pues su corazón estaba allá, con su familia. Durante los días de la enfermedad del zápatra Hugo Chávez, me llamaba cuando sucedían eventos relevantes y solíamos conversar unos 20 minutos por teléfono, especulando sobre lo que sucedería una vez muriera el personaje. El día de la muerte de HCh, lo invité a beber vino espumante chileno (champagne) en casa de otro gran amigo y festejamos en la distancia por el fin de una etapa en Venezuela, aún con incertidumbre por lo que sería el futuro del país.
Como Daniel participó activamente en la Mesa de la Unidad Democrática, en un par de ocasiones lo invitaron a declarar por televisión sobre la situación de Venezuela. Recuerdo cuánto nos reímos al escucharlo decir por televisión que él no se sentía alegre por la muerte del autócrata venezolano, de lo más pokerface, pero como demostración de respeto por la figura de alguien que aunque arruinó al país, tenía muchos seguidores y de cara a lo que imaginamos daría inicio a la transición en Venezuela.
Uno de esos sueños que compartía con mi amigo, era el de convertirnos en propietarios de nuestras viviendas, un sueño casi imposible para jóvenes como nosotros. Así, empleamos una buena parte de nuestro tiempo viendo, comparando y hablando sobre el mercado inmobiliario de Santiago y sobre dónde comprar. Viendo apartamentos, Daniel conoció y se hizo amigo de muchas personas (parece mentira, pero creo que no exagero al decir que recorrió medio Santiago) y en una de esas, los dos casi al mismo tiempo, conoceríamos a quienes se convertirían en nuestra familia en Chile. Y en esa casa de familia, encontramos el calor de hogar que tanto extrañábamos los dos desde que salimos de Venezuela.
En casa de Marcos y Yore cantamos karaoke, preparamos comidas, nos reíamos de las ocurrencias de Marcos, jugábamos con bebito, nos quedábamos hasta altísimas horas de la noche y jugábamos Risk! Allí consolidamos una relación que nos unió mucho y nos hermanó. De todos nosotros, Daniel siempre era el más optimista, el más echador de vaina y ocurrente y el que se veía más encauzado en el camino de la vida.
En un momento duro de mi vida en el que me alejé de todo el mundo, Daniel se me acercó con esa naturalidad que lo caracterizaba y compartimos una tarde junto con su polola y mi madre en uno de sus lugares favoritos. Amigo, siempre recordaré ese gesto y no sabes cuánto te lo agradezco!!!!
Daniel partió dejando un vacío inmenso no sólo en su familia, sino entre quienes éramos sus amigos. A mi, que me ha tocado leer el chat de la electrolista de la USB, me ha tocado leer el testimonio de sus amigos más cercanos durante la universidad y todos coinciden en el aprecio y cariño que sentían por él. Nosotros, sus amigos aquí en Chile, sentimos el dolor de quien pierde a un hermano!!!
Amigo, te voy a extrañar mucho!!! Me faltó contarte muchas cosas!! Me faltó invitarte a mi casa, al cine con Kerena, a jugar una partida de Risk para que confabularas contra mi y hacerme perder! A todos nos faltaron vivir muchas cosas contigo!!! Gracias por tantos momentos compartidos!!! Te queremos!!!!

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